Los clubes fundadores -como el Manchester City, Manchester United, Chelsea, AC Milan, Juventus o Inter- de la Superliga Europea se empezaron a bajar del barco solo tres días después del anuncio del torneo que sería comandado por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Un torneo que, según sus palabras, llegaba para "salvar al mundo del fútbol que se encuentra en una crisis".
Las personas de pantalón largo creyeron que una competencia así sería fácil pero, ante la presión de los fanáticos en redes sociales y, también, de distintas organizaciones políticas que rodean el fútbol, obligaron a dejar en solitario a Florentino dentro del proyecto. Parece que "La Guerra de los Ricos" terminó tras bambalinas, en silencio, porque, no todo el mundo estaba invitado y se ignoraron a otros líderes, cuando quisieron cargar un calendario que actualmente en el mundo del fútbol está más que sobrecargado.
"La muerte" de la Superliga, irónicamente, inició en Inglaterra, en la cuna del fútbol, del verdadero fútbol. Chelsea, Manchester City, Manchester United, Tottenham, Arsenal y Liverpool anunciaron su salida uno a uno porque los organizadores de este nuevo torneo "de grandes" no conocen la cultura del fútbol inglés y de lo arraigado que está este deporte en la cultura de ese país. Las palabras de Pep Guardiola, Marcelo Bielsa, Johan Henderson, por ejemplo, le dieron la vuelta al mundo ya que tal Superliga no apoyaba en absoluto el crecimiento del deporte.
Las noticias de inglaterra llegaron rápidamente a Italia y las bajas del AC Milan, Inter y Juventus no se hicieron esperar. Posteriormente, Atlético de Madrid anunció su salida dejando en solitario en la Superliga al Real Madrid y al FC Barcelona. Sin embargo, la escapatoria del conjunto culé es sencilla para el presidente Joan Laporta: el club juega si los socios lo aprueban y si no, Florentino se queda solo en este Titanic llamado Superliga.
Los grandes clubes de Alemania o Francia, por ejemplo, jamás aceptaron la invitación al proyecto que buscaba como prioridad la recompensa económica de los clubes. Esto no le pareció a los dirigentes máximos de la UEFA ni de la FIFA, tampoco a los que manejan los grandes clubes sin invitación. Pero sobre todo, el formato no gustó a los aficionados, que es lo que más importa y seguro, seguirá la presión para la UEFA y todos los involucrados, en mejorar el fútbol europeo.
